El experimento consistía en lo siguiente: los científicos presentaban a los simios con dos pedazos de banana (sí, la fruta de cáscara amarilla que tanto nos gusta, en mi país le decimos guineo) uno era pequeño y otro grande, ambos estaban situados en lugares distintos. El pequeño estaba en un sitio fácil y nunca era movido de allí; se podía confiar que ese pedazo de fruta estaría debajo de la mesa cada vez. Pero el grande tenía una posición más riesgosa; podía encontrarse debajo de cualquiera de las tazas que habían en el lugar. Por lo tanto, era más dificultoso.
"Encontramos que las decisiones de los simios estuvieron reguladas por la incertidumbre, la probabilidad de éxito y la decisión más arriesgada, lo que sugiere un tipo de decisión más compleja. Los simios elegían la pieza pequeña cada vez que observaban que la grande estaba muy bien escondida y no la podrían obtener. De hecho, mientras menor era la probabilidad de adivinar el lugar correctamente, más se decidían por la pieza pequeña", explica Daniel Haun, autor principal.
Pero el asunto cambiaba cuando la diferencia entre los pedazos era realmente extravagante. También cambiaba de acuerdo a la especie. Los investigadores explican que de un 50% de intentos a tomar la pieza más grande, los simios cambiaban a una conducta de un 100% de acciones hacia la pieza mayor cuando era realmente grande. Más aún, los chimpancés y los orangutanes eran más riesgosos que los gorilas y los bonobos, aunque el estudio muestra que en las cuatro especies las decisiones tomadas mostraban un pensamiento complejo, los dos primeros solían tomar decisiones de más riesgos y se iban por el pedazo más grande no importaba qué tan distintos eran sus tamaños.
"No sabemos a qué se deben estas diferencias, lo que sí sabemos es que estos animales poseen una vida mental mucho más sofisticada de lo que se asumía".
Los resultados fueron publicados aquí: http://www.plosone.org/home.action
Instituto Max Planck: http://www.mpg.de/de
Glenys Álvarez


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