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viernes, 20 de abril de 2012

Lord Tharor

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Buenas a todas las personas de Ateísmo Brillante y a todos sus lectores. 

En primera instancia, me interesó contar mi experiencia atea debido a que aunque apenas tengo 16 años, soy un ateo acérrimo. Aquí les va mi historia.

Como muchos, nací en una familia católica. Padre católico, madre más católica, hermano, abuelos, todos. Durante mi infancia, nunca tuve ninguna conexión con el ateísmo. Fui a un colegio religioso en donde nos hacían rezar todos los días antes de entrar a clase y la catequesis era una de las materias más frecuentes. Cada tanto, nos juntaban a todos para mostrarnos videos religiosos.

En ese colegio, llegado a 5to de primaria, era obligatorio comenzar los preparativos para tomar la Primera Comunión. La catequesis se había hecho más intensa y obligaron a todos los padres a comprar una Biblia personal para cada uno de los alumnos. Nos enseñaron todas las oraciones que tendríamos que saber para ese día tan "especial".

No sé por qué, pero unas semanas antes del día, me negué rotundamente a tomar la comunión. Fue casi un capricho. No quería, simplemente no quería. Ese fue el primer cuestionamiento que le hice a la "autoridad divina". Me sacaron de ese colegio y me metieron en una institución pública, laica.

A los 13 años empecé a madurar más mentalmente y a cuestionarme más la existencia de dios. Recuerdo que uno de mis primeros pensamientos al respecto fue lo que luego me enteré se llamaba "el dios de los huecos". Dije, ¿por qué cada vez los humanos tenemos que recurrir menos a dios? ¿Qué hay detrás de todo ello?". Mi familia no sabía nada.

Después de pensar y leer bastante más, a los 14 me declaré ateo, aunque estaba más cercano al agnosticismo (cosa que ignoraba). Se lo dije a mi familia. Fue un escándalo. Mi madre me dijo que me había pasado esa desgracia porque no había tomado la comunión. Mi padre, que "estaba loco". Me hicieron toda clase de preguntas, como si no sentía miedo de ir al infierno. Respondí que no. Dejé de a poco todas las costumbres y fiestas cristianas. Cuanto más sabía de religión en general, más me desvinculaba. 

Tuve que enfrentar toda clase de cosas. Me decían que era muy cerrado, que no sabía nada de la vida y que decía eso porque todavía era muy chico. Negué todo. Me sentía libre, sentía que podía vivir y hacer lo que quisiera basándome en mi propia moral, sin temer una represalia. Fue todo un cambio para mí. Con el paso del tiempo, me interesé mucho más por la ciencia y el método científico en general. 

En estos años de ateísmo he tenido que leer cientos de tonterías, de cosas como "yo no creo en la evolución porque a mí no me parió ninguna mona", o "si la evolución es verdad, ¿por qué los monos de los zoológicos no han evolucionado?". Los creyentes nos dicen cerrados a nosotros, y eso me parece ridículo. No me estoy negando a la existencia de dios de la misma forma que ellos lo creen. No es una creencia dogmática. Estoy totalmente dispuesto a creer en dios si alguien me presenta pruebas satisfactorias de su existencia. Hay una especie de ignorancia general a nivel de sociedad cuando se trata de ateísmo. Creen que los ateos somos como un culto, que somos como una iglesia más. Creen que somos "los bichos raros" solo porque no creemos en algo que nadie puede probar. 
La religión te esclaviza mentalmente. Te ata, fija un código de conducta que debes seguir sin cuestionar hasta que mueras, para ser un "buen ciudadano". No quiero eso. No lo quiero ni para mí, ni para mis hijos, ni para el mundo. Ser ateo te hace libre. Libre de disfrutar tu vida como quieras, sin tener que esperar una "recompensa divina" por todo lo que hagas. Me hizo ver que es mucho más fácil ver que nuestras acciones son las que desencadenan las reacciones, ya sean favorables o desfavorables para nosotros. Por eso, y por otras mil razones más, es porque decidí y decido ser ateo todos los días.


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