Se trata de entregas honoríficas a esos descubrimientos e inventos que primero nos hacen reír y luego pensar. Es el eslogan de los Ig Nobel, premios, precisamente, que no cambiarán el ritmo de la ciencia ni avanzarán o curarán a la humanidad pero puede que nos ayuden en esas pequeñas cosas con las que lidiamos todos los días. Y así es. Los premios Ig Nobel fueron otorgados el pasado jueves y Japón, nuevamente, se encuentra entre los ganadores con el reconocimiento del premio en química.
Efectivamente, los japoneses han enseñado a unas amebas a recorrer un laberinto, han extraído vanilla de las heces de la vaca, ha utilizado la pupú del panda para disolver basura en la cocina y la baba del moho para manufacturar rieles. Los chicos son tremendamente originales. En esta ocasión, se llevaron el premio por inventar una alarma de fuego con un intenso olor a wasabi, o aceite de wasabi; de esta forma, las personas con un impedimento para escuchar pueden despertarse rápidamente y correr lejos del peligro. El equipo de investigadores japoneses descubrió la densidad necesaria para que el olor a esta sustancia despierte a alguien.
De hecho, los premios, que ya tienen 21 años ocurriendo, han incrementado su fundamento y seriedad entre la comunidad científica; han pasado a ser un subconjunto divertido de los premios Nobel, a una forma reconocida internacionalmente de dar a conocer otro tipo de investigación que ocurre en la ciencia. De hecho, la alarma silenciosa de Wasabi tiene ya varios años en el mercado.
La idea es entretener, hacer reír y, por supuesto, impulsar la investigación científica en todas sus áreas.
Por ejemplo, uno de los grandes premios de la noche fue entregado a un equipo que descubrió que la urgencia de orinar afecta la forma en que tomamos una decisión. Peter Snyder, profesor de neurobiología en la Universidad de Brown es uno de los que recibió el premio en Medicina por sus experimentos donde voluntarios tomaron pruebas computacionales y periódicamente tomaban ocho onzas de agua.
“Los investigadores midieron la manera en que sus vejigas infladas afectaban la memoria, la concentración y las pruebas en general. Por supuesto, cuando tienes que hacer pipí tu atención está en otro lado, tu memoria sufre cuando estás enfocado en que tienes que orinar”, explicaba Snyder.
En la Universidad de Harvard, donde son siempre celebrados los premios, Marc Abrahams, editor de la revista fundadora, Anales de la Investigación Improbable, entregó el premio a la Seguridad Pública a un equipo en Canadá que elaboró pruebas con voluntarios que usaron un casco que tenía una visera que caía al azar en su cara, de esta forma midieron la atención en las autopistas. Pero el premio Ig Nobel de la paz fue uno de los más divertidos de la noche. Fue otorgado al alcalde de Vilnius en Lituania, Artura Zuokas, quien aseguró que el problema de carros de lujo parqueados ilegalmente se resolvía aplastándolos a todos con un tanque armado.
También tenemos la teoría de la desidia estructurada, premio de literatura aceptado por John Perry, de la Universidad de Stanford, que afirma que los que dejan todo para después, los remolones, diríamos, pueden ser impulsados a hacer cosas importantes mientras lo hagan como una manera de evitar hacer algo aún más importante. Por otro lado, Kart Halvor, de la Universidad de Oslo en Noruega, se llevó el premio de psicología por tratar de comprender por qué la gente suspira y definirlo como respuestas emocionales que evidencian una tarea difícil. Otros de los equipos galardonados, de universidades en Europa con el premio de fisiología, no encontró evidencia alguna de que los bostezos se contagiaran entre un tipo de tortugas.
Por su parte, El premio de física se lo llevó un equipo de Francia y los Países Bajos por determinar por qué los que tiran el disco se marean mientras que los que lanzan el martillo no.
Por último, el premio de matemáticas fue muy regodeado. Los ganadores fueron siete supuestos profetas que han pronosticado el fin del mundo desde 1954 hasta el momento, desde la estadounidense Dorothy Martin hasta Shoko Asahara de Japón, por enseñarle al mundo que hay que ser muy cuidadosos cuando se asumen o se realizan calculaciones matemáticas. Hasta el momento, ellos no lo han sido.
En la imagen, el investigador de Oslo, Kart Halvor, recibe su Ig Nobel de psicología.
La revista de investigación improbable que entrega los Ig Nobel: http://www.improbable.com/
En este enlace pueden ver un video de la entrega: http://www.youtube.com/improbableresearch


No hay comentarios:
Publicar un comentario