
Me llama la atención como el síndrome de proyección se extiende con tanta facilidad entre aquellos que mantienen posiciones inmovilistas, incluso cuando estas posiciones se han quedado tan desautorizadas y obsoletas, que sólo se puede mantener uno en ellas haciendo el más espantoso de los ridículos.
El otro día alguien me comentaba que los científicos somos necios y prepotentes porque pensamos que la mente humana está por encima de todo y situamos al hombre por encima de todas las cosas. Cuanto este comentario parte de alguien cuya principal fuente de conocimiento, y única verdad posible es la Biblia, suena cuanto menos grotesco. Baste recordar que si alguna tradición coloca al hombre por encima de todas las cosas (excepto el ente divino) es la judeocristiana, que pinta a un “hombre creado a la imagen de Dios”, a una especie “por encima de todas las demás que han de servirla” y a una naturaleza “que está ahí para colmar las necesidades de nuestra especie”.
Durante muchos siglos esas ideas prosperaron como un geocentrismo que colocó a la Tierra en el centro del universo, con todos sus elementos girando alrededor de ella. Fue el trabajo de la ciencia el que demostró que nuestro planeta es un cuerpo celeste más de los miles de millones que hay en el cosmos, parafraseando a Sagan, “un punto azul pálido en la inmensidad del universo”. Y los astros no giran alrededor nuestro, no es más que un punto instalado en el rincón de una galaxia en un mar de galaxias, de millones de ellas.

Aunque nuestro planeta haya sido desplazo del centro del cosmos, para muchos nuestra especie sigue en la parte superior de una pirámide. Pero cuando se nos sitúa en el contexto de todas las especies vivas conocidas y analizadas vemos que también somos un punto el esquema vital, una especie más formada por los mismos ladrillos bioquímicos, y que si desaparecemos de golpe poco afectaría al esquema general. Transmitamos un poco de modestia biológica desde este esquema que relaciona a todos los organismos vivos desde nuestros primitivos ancestros: somos un punto en el océano de la vida.

Esquema taxonómico de todos los seres vivos. Hillis y Bull, Science

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