
En este mundo de dinámica información, nos hemos acostumbrado a asimilar ciertas palabras como si se tratara de un elemento común en nuestro diario vivir. Aquí, allá y acullá, periodistas y escritores nos lanzan variadas e interesantes palabras, habituándonos a su sonido pero no tanto a la espectacularidad de sus usos, aplicaciones y de su verdadero significado. De igual forma, las coberturas en el mundo de la nanotecnología nos introducen a un universo tan pequeño que ni la imaginación se acerca un poco a su realidad. Sin embargo, diariamente leemos sobre experimentos en estas inimaginables áreas.
Así, nos habituamos a hablar de las moléculas, que andan por esos rangos, y cuando nos referimos a ellas nos adentramos a un mundo que la ciencia conoce como submicroscópico, porque ni siquiera nuestros poderosos microscópicos ópticos de hoy pueden acercarnos a ellas.
Por lo tanto, cuando leo titulares sobre un robot molecular, mis ojos repasan dos veces el tema, en un intento de asimilar su verdadero significado. Pues bien, ahora, investigadores de la Sociedad Americana de Química anuncian que han podido programar una máquina molecular que se mueve entre pistas de ADN separadas por 6 nanómetros (una hebra de cabello tiene 100,000 nanómetros). El robot mismo es en realidad un corto pedacito de ADN que es capaz de seguir instrucciones básicas, como doblar a la izquierda o a la derecha entre las pistas. No olvidemos que estamos hablando de pistas hechas también de moléculas, esta vez de una exigua parte del famosísimo ácido desoxirribonucleico.
“Anteriormente, otros científicos han desarrollado robots de ADN similares, que se desplazan de forma autónoma. Algunos de ellos utilizan un diseño bípedo y se mueven de forma alternada, adhiriéndose y despegándose de puntos que sirven de anclaje por toda la pista de ADN. Nuestra idea es programarlos de tal forma que se deslicen en la dirección de un patrón ya que eso nos ayudará a alcanzar la meta final de estos experimentos que es diseñar máquinas moleculares que sirvan como transporte de genes y medicinas”, explica Andrew Tuberfield.
Y nos puede resultar simple pensar en el gran logro del experimento. Los investigadores consiguieron que estos robots moleculares puedan tomar una decisión sencilla. “Los hemos programado para que 'decidan' qué dirección tomar en la pista molecular, ahora pueden doblar. Antes sólo podían continuar en línea recta, y ya eso es mucho”, dice.
La clave, explican, se encuentra en la “horquilla de combustible”, una molécula que tiene las dos funciones vitales de nuestro diminuto robot. En primer lugar, esta molécula transporta la energía que lo impulsa a moverse por la pista pero también sirve como hoja de ruta impartiendo la dirección que debe tomar.
Pero ¿cómo demonios se programa una molécula?
Pues lo hacen a través de modificaciones en sus estructuras químicas para que produzcan diferentes reacciones. Hoy existen editores computacionales que facilitan este trabajo en los laboratorios, se conocen como biocomputadoras; además, el conocimiento sobre nuestros genomas abre las puertas a pedazos de moléculas altamente programables que están siendo usadas hoy en espectaculares experimentos; como concebir robots genéticos que doblen por las esquinas moleculares de nuestro ADN.
Los resultados del estudio fueron publicados en el diario científico Nano Letters. Aquí está el artículo completo en inglés: http://pubs.acs.org/stoken/presspac/presspac/full/10.1021/nl1037165
http://portal.acs.org/portal/acs/corg/content
Por Glenys Álvarez

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