
Ayer hablaba aquí sobre esa terrible manía que tenemos los humanos de utilizar cualquier idea para separarnos de los demás. Ese hábito prejuicioso de pensar en términos de “nosotros contra ellos” que va en oposición de lo que racionalmente pensamos que es correcto. Pues bien, un nuevo estudio elaborado por científicos en la Universidad de Yale muestra que esa mala costumbre humana es mucho más antigua de lo que pensábamos y la cultura sólo la ha engalanado con elaborados matices.
Para los investigadores en Yale, el prejuicio humano tiene raíces evolutivas antiguas. En una serie de “ingeniosos experimentos”, el equipo demostró que los monos tratan a individuos fuera de sus grupos con la misma sospecha y antipatía con que los humanos tratamos a los que consideramos desconocidos y distintos.
“Uno de los aspectos más conflictivos de la naturaleza humana es que evaluamos a las personas de manera distinta, dependiendo de si es miembro de nuestro grupo o no. Casi todos los conflictos en la historia humana, han involucrado a personas que hacen distinciones basadas en quién es miembro de su propia raza, religión, clase social y así sucesivamente. La pregunta que nos interesaba responder era la siguiente: ¿de dónde provienen estos tipos de distinciones grupales?”, expresa Laurie Santos, autora principal de la investigación.
La respuesta, asegura Santos, es que esos prejuicios han sido moldeados durante 25 millones de años de evolución y no sólo por la cultura humana.
El equipo de Santos se trasladó a una isla cercana a las costas de Puerto Rico donde se dedicaron a conocer de cerca a un grupo de monos macacos resus que allí viven. Ahora bien, estudiar la conducta en otras especies de animales no es fácil, en primer lugar, hay que conocer bien al animal, tener experiencia lidiando con su forma de actuar y de vivir. Los animales, en general, sospechamos de lo desconocido, es una forma sensible de sobrevivir. Esta característica se mueve dentro de nuestra misma especie; los ratones se quedan más tiempo oliendo a un animal nuevo en la jaula, de hecho, si el ratón es ansioso o reservado, mostrará más bien miedo hacia el nuevo elemento. Los primates también suelen mirar por más tiempo a los animales que desconoce, los que no son de su grupo. Primatólogos aseguran que es una forma de leer la intención para así actuar acorde. El grupo de Santos elaboró varios experimentos, derivados de pruebas que se realizan en humanos, y los adaptaron al mundo del mono. En uno de ellos, les presentaban a los macacos fotos de animales de su grupo y fotos de animales que no eran de su grupo. Los resultados confirmaron que los macacos se quedaban mucho más tiempo mirando las fotos de los monos que no eran de su grupo.
“Lo que hizo que estos resultados sean aún más significativos fue una interesante característica en esta población de macacos. Estos monos en la isla están divididos en grupos, sin embargo, los grupos no son cerrados y animales van y vienen, integrándose a un grupo y abandonando otros. No obstante, los resultados de los experimentos eran los mismos aún cuando el animal fue una vez parte del grupo pero ya no lo era, lo que sugiere que estos animales son sensibles a quién está o no en el grupo en el presente. En otras palabras, aunque los monos dividen el mundo en nosotros contra ellos, lo hacen de una manera que es sensible y que se actualiza todo el tiempo”, explica Neha Majan, otra de las autores en la investigación.
“Manipulamos unas pruebas para medir la actitud implícita (IAT) que se usa mucho en experimentos psicológicos y sociales con humanos. Emparejamos fotos de animales que eran del grupo con estímulos positivos como frutas y fotos de animales fuera del grupo con estímulos negativos como arañas. También les enseñamos fotos de sus amigos con arañas y de animales desconocidos con frutas. Los monos pasaron muy poco tiempo mirando las secuencias que incluían rostros conocidos con estímulos positivos o de desconocidos con estímulos negativos, lo que nos sugiere que tratan ambas cosas como similares. Pero, por otro lado, las imágenes de conocidos con arañas y desconocidos con frutas sí les llamaban la atención. Los resultados sugieren que, como los humanos, los monos tienden a ver a los miembros de su propio grupo como algo positivo y a los que no lo son negativamente”, expresa Santos.
“Los psicólogos sociales introdujeron al mundo la idea de que la situación inmediata es inmensamente poderosa a la hora de determinar nuestro comportamiento, y hasta los sentimientos entre los grupos. Mientras que los teóricos evolutivos nos han percatado de nuestro pasado ancestral. En este trabajo tejemos ambas tendencias en un solo manto para mostrar la importancia de ambas influencias funcionando juntas”, explicó Mahzarin Banaji, del departamento de psicología de la Universidad de Harvard quien también participó en la investigación.
Para Santos, la mala noticia es que la tendencia a que nos disgusten los miembros de otros grupos parece ser evolutiva y bastante vieja, lo que hace más difícil eliminarla. “La buena noticia es que hasta los monos parecen ser flexibles sobre quién cuenta como miembro del grupo. Si los humanos aprendemos a desarrollar esta flexibilidad, a lo mejor nos permita convertirnos en una especie más tolerante”.
Los macacos y los humanos compartimos un ancestro en común hace 25 millones de años.
http://www.yale.edu/
http://www.harvard.edu/
Los resultados han sido publicados en Journal of Personality and Social Psychology: http://www.apa.org/pubs/journals/psp/
Aquí pueden encontrar las pruebas de actitud implícita que se llevaron a cabo con los macacos: http://implicit.harvard.edu/
Por Glenys Álvarez

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