Su apertura ha generado excitaciones distintas, algunos temen que los mini agujeros negros que se producirán allí, devoren el planeta y todo el Sistema Solar, pero investigadores están convencidos de que el acelerador concluirá una importante teoría sobre el Universo.
La “partícula Dios”, le llaman algunos, agregando un poco de mística a una de las ciencias más exactas y complicadas en el conocer humano. Hoy, el colisionador más grande del mundo, el Gran Colisionador de Hadrones, en el laboratorio CERN, comenzará a buscar esta partícula, uno de los misterios en la tabla de la física.
A lo mejor recuerdan aquella clasificación química que contenía todas las combinaciones posibles de sustancias, como la letra H, para el hidrógeno, pues bien, la física también ha dividido las partículas que componen el mundo en categorías, y ya existen muchas descubiertas y clasificadas.
Entre las más conocidas están por supuesto, los protones, los electrones y los neutrones, partículas que componen el átomo; o los fotones, que forman la luz, pero también hay un sinnúmero más no tan conocidas como los neutrinos, los fermiones, los quarks, los leptones, los hadrones y los bosones, entre otros.
Decididamente, los físicos, con la ayuda de aceleradores y tecnología de punta capaz de profundizar en los componentes más pequeños en el mundo, esos que conforman toda la materia a nuestro alrededor, orgánica o no orgánica, han logrado llenar esta tabla de subpartículas, pero aún les queda encontrar el premio mayor, esa que ellos piensan resolverá la teoría estándar de la física y resolverá el problemático asunto sobre cómo estas partículas adquieren sus propiedades, especialmente en cuanto a su masa se refiere.
Y aunque son más diminutas que los átomos, no estamos hablando de poca cosa.
Estas corpúsculos que entretienen a los físicos cuánticos, produjeron el Universo que habitamos, la materia que conocemos está formada por ellos, nosotros incluidos, y aunque no poseemos neutrinos dentro de nuestros cuerpos, millones de ellos nos atraviesan diariamente.
El mundo en que bulle con estas partículas y por eso los investigadores defienden este nuevo proyecto, el acelerador más grande del mundo que podrá, por fin y con suerte, descubrir el “Higgs Boson” (la mística partícula Dios) que completaría el conocimiento actual.
“Se trata, realmente, del más ambicioso proyecto para llegar a sondear la materia y desentrañar numerosos enigmas del Universo”, escribió la agencia EFE.
El LHC permitirá colisiones de haces de protones a velocidades próximas a la de la luz, una vez se compruebe que funciona.
Desde hoy, miles de físicos se encuentran sumidos en ello.
Una colaboración en todo el mundo
Creado en 1954 por 12 países europeos, en el CERN trabajan, sin embargo, más de 7,000 científicos de 80 países, y en el proyecto del Gran Colisionador de Hadrones (Large Hadron Collider, LHC) han llegado a participar hasta 10,000 expertos.
Desde su creación, el CERN, que actualmente es propiedad de sus 20 estados miembros, todos europeos, ha hecho numerosos e importantes descubrimientos, centrados en los componentes de la materia, los orígenes del Universo, en particular el "Big Bang", y las leyes que rigen todos esos procesos.
El Laboratorio se encuentra a las afueras de Ginebra, junto a la frontera suizo-francesa, y además de varios edificios en superficie, cuenta con un gigantesco túnel subterráneo de 27 kilómetros de largo bajo ambos lados de la frontera, donde está instalado el LHC. (EFE)
¿Podría tragarnos un agujero negro?
El conflicto proviene del desconocimiento sobre física. El temor proviene de un fenómeno complejo: la producción de micro agujeros negros que se evaporan en nanosegundos.
Algunos temen que un agujero originado en el LHC devore al planeta, este miedo está basado en que la probabilidad de que esto ocurra no es cero.
“En la física no existe la probabilidad cero”, explicó Greg Lansberg de la Universidad de Brown.
El hecho menos posible, por ejemplo, que de partículas del aire se forme un animal desconocido, para la física la probabilidad de que esto ocurra, tampoco es cero.
Por Glenys Alvarez

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