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jueves, 10 de marzo de 2011

Christian B. Anfinsen: el “creacionista” que firmó un famoso manifiesto contra el creacionismo

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Puede que el título de este artículo a algunos os llame la atención. ¿En base a qué llamo a este científico creacionista?. Bueno, en realidad este calificativo no me lo he inventado yo, sino los propios creacionistas. Con el fin de generar un listado de ilustres científicos que apoyan al creacionismo, éstos presentan a especialistas que en algún momento a lo largo de su vida manifestaron que eran creyentes. Esos listados de científicos creacionistas los podemos encontrar en diversos foros creacionistas tales como “Respuestas en el Génesis”, “Creation.net” o “Ciencia y fe”.

Desde esas páginas se defiende un creacionismo llamado YEC (creacionismo de la Tierra joven) que asume que (1) el universo y la Tierra tienen 6.000 años, (2) la evolución no existe (no sólo critican a la teoría de Darwin, sino que argumentan que todas las especies fueron creadas tal y como hoy las conocemos, y que no han variado a lo largo del tiempo, (3) todo lo que hoy observamos ha sido creado por un dios (el Dios cristiano, por supuesto), y ese acto ocurrió sólo una vez, lo que significa que en algún momento todos los seres vivos actuales y los extintos coexistieron (por ejemplo el hombre era perseguido por los dinosaurios y hacía parrilladas de trilobites).

Los que han incorporado a estos científicos a ese listado, no sólo lo hacen para indicar que son personas que profesan alguna creencia, sino para mostrarnos que están de acuerdo con el pensamiento YEC, y que éste tipo respaldo entre la comunidad científica.

Los científicos presentes en ese listado tienen varias cosas en común:

(i) Pocos de ellos han trabajado en ciencias biológicas y una minoría de ellos han conocido las tesis Darwin y Wallace. La teoría de la evolución es algo que concierne a la variabilidad de las especies biológicas, con lo que uno esperaría un número mucho mayor de naturalistas, pero parece que no se encontraban en este “bando”.

(ii) Se presentan un elevado número de científicos muertos antes de 1859, por lo que difícilmente esos grandes científicos saben nada acerca de la evolución. Pitágoras tampoco sabía nada acerca de la teoría gravitación universal, no creo que eso lo convierta en anti-newtoniano.

(iii) Hay muy pocos científicos nacidos en el siglo XX, justo cuando se empezó a conocer en profundidad el universo: la teoría de la evolución empezó a apoyarse en la genética y la biología molecular; la edad de la Tierra se cimentó en el comportamiento de los átomos radioactivos, la paleobotánica y la geología; la edad del universo se conoció por datos de astrofísica; y otros muchos conocimientos científicos han transformado muchas de las teorías YECs en caricaturas de la ciencia.

Analicemos de todas formas a alguno de los que están en ese listado. Veamos si, más allá de sus creencias religiosas, podría ser catalogado como un YEC auténtico, tal y como aseguran las diferentes páginas creacionistas que podemos encontrar en Internet. Tomemos a uno de esos pocos científicos del siglo XX que trabaja en temas relacionados con la biología, como por ejemplo C. Anfinsen. Atendamos a lo que es relevante: si su obra, trayectoria científica, sus escritos o en sus acciones hubo algo que lo marcase como YEC; afirmaciones de una tierra joven, opiniones de que las especies fueron creadas todas a la vez, y este tipo de disparates típicos de los creacionistas de la Tierra joven.

Christian Boehmer Anfinsen (1916-1995) fue un químico, bioquímico estadounidense galardonado con el Premio Nobel de Química del año 1972. Estudió química en el Swarthmore College, donde se graduó en 1937, para posteriormente realizar un máster en química orgánica en la Universidad de Pensilvania en 1939, y finalmente el doctorado en bioquímica en la Universidad de Harvard en 1943. Anfinsen se quedó en Harvard como profesor asistente hasta 1950, año en el que entró a trabajar en el National Institute of Health (NIH), entidad dependiente del Gobierno Estatal estadounidense, y donde permaneció hasta 1981. Entre 1982 y 1995 fue profesor de biología en la Universidad Johns Hopkins.

En 1961 demostró que la ribonucleasa, tras perder su actividad al ser desnaturalizada mediante condiciones químicas extremas, era capaz de ser posteriormente renaturalizada, recuperando su estructura y por tanto su actividad al restablecerse las condiciones adecuadas. Esta investigación le permitió sugerir que toda la información requerida por la proteína para adoptar su configuración final está codificada en su estructura primaria. En 1972 le fue concedida la mitad del Premio Nobel de Química por sus trabajos sobre la ribonucleasa, mientras que la otra mitad del premio recayó en los trabajos de Stanford Moore y William H. Stein sobre el conocimiento de los principios de la estructura química y la actividad catalítica de las enzimas

Firmó más de 200 publicaciones científicas, la mayoría de ellas acerca de estructura de proteínas y sobre plegamiento de ésta. Pero la clave, lo encontramos en el manifiesto publicado en el ”The New York Times” del dia 19 de agosto de 1986, que decía: 72 premios Nobel reclaman a la Corte que elimine las leyes creacionistas, en referencia a las pretensiones de Louisiana de enseñar creacionismo en las escuelas públicas.

En ese manifiesto los firmantes afirman claramente: el creacionismo no tiene ningún fundamento dentro de la ciencia legítima. Esta fue la primera vez que un número tan amplio de laureados con el premio Nobel firmaban un manifiesto de cualquier tipo. De nuevo los creacionistas muestran el tamaño de sus incongruencias, colocan en sus listados como personas creacionistas a científicos que firman manifiestos contra el creacionismo. Ni Groucho Marx lo hubiese hecho mejor.

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