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jueves, 30 de diciembre de 2010
La anestesia: Nadie a un la entiende
La anestesia es otro tema fascinante en el mundo de la medicina. A pesar de ser usada regularmente, nadie aún la entiende. En palabras más elaboradas, los investigadores aún no descubren la base neurobiológica de la anestesia general. Y la cosa no queda ahí, el efecto de la anestesia ya de entrada sugiere otros temas interesantes ya que, más allá de la ausencia de dolor completa, esta sustancia nos pone en un estado que asemeja el sueño profundo o un coma, fases que apagan nuestra conciencia y que son temas claves en la neurología moderna.
Ha sido justamente la relación entre la anestesia, el sueño y el estado de coma que analiza en un estudio el doctor Emery Brown del departamento de Anestesia, Cuidado Crítico y Medicina del Dolor en el Hospital General de Massachussets. “Hemos iniciado nuestro análisis enumerando los estados fisiológicos específicos que conforman a la anestesia general: inconsciencia, amnesia y ausencia de dolor y de movimiento mientras la estabilidad en los sistemas cardiovascular, respiratorio y termorregulador es mantenida; y luego observamos cómo es similar a o diferente de los estados a los que más se asemeja, dormir y coma”, explicó Brown.
El equipo de Brown estaba además formado por un experto en el sueño de la Universidad de Michigan, Nicholas Schiff y un experto en coma del Colegio Médico Universitario Weill Cornell; es decir, tenían los tres temas principales bien cubiertos para realizar así la comparación entre el paciente anestesiado, el paciente dormido y el paciente en coma. Los resultados son realmente interesantes.
En primer lugar, aunque nos parece que la anestesia es como dormir, existen grandes diferencias; de hecho sólo a veces se asemejan las etapas más ligeras de la anestesia inducidas por ciertos particulares agentes, con las más profundas del sueño. “Mientras que los ciclos naturales de sueño ocurren a través de una serie de fases predecibles, la anestesia general, por el contrario, involucra llevar al paciente y mantenerlo en la fase más apropiada para el procedimiento por el que va a atravesar y las fases de la anestesia general que usamos en cirugías se parecen mucho más a los estados de coma”.
Los investigadores dicen que la gente duda en comparar la anestesia con un estado de coma porque se oye tan brutal, y estoy completamente de acuerdo. Es más seguro (ese efecto placebo, el chupete de nuestro cerebro) que nos digan antes de una cirugía que nos van a poner a dormir a que escuchemos que nos pondrán en un estado de coma. “Realmente tiene que ser así de profundo el estado para poder operar en una persona. Pero no debemos olvidar que la diferencia clave es que este estado de coma es controlado por el anestesiólogo y los pacientes se recuperan de él rápida y seguramente”, escribe Brown.
Que no sepan todavía cómo funciona, tampoco ayuda. Por eso es bueno leer que andan en ello. Los investigadores presentaron, por ejemplo, una serie de diagramas y tablas que describen como nunca antes los circuitos neuronales que permiten que el anestesiólogo lleve a cabo su trabajo, ya que muchos de estos médicos no tienen idea cómo funciona la droga que administran. En ese sentido, los científicos se toparon con información contradictoria, miren por ejemplo lo de la ketamina, una sustancia anestésica que produce una acción contraproducente ya que en vez de suprimir la actividad en el cerebro la activa, una acción, dicen ellos, que en dosis más bajas causa alucinaciones. Es un poquito dificultoso entender cómo lo hace; la sustancia, explican, bloquea receptores de un transmisor cerebral que se llama glutamato, pero como lo que realmente le gusta a la ketamina es relacionarse con ciertos receptores inhibidores más que con otros, lógicamente, al inhibir el inhibidor incrementa la actividad cerebral. Pero escuchen bien ahora, es precisamente este exceso de actividad lo que genera la inconsciencia. “Es un proceso similar a lo que ocurre cuando datos desorganizados viajan a través de una línea de comunicación electrónica, bloqueando así cualquier señal coherente. Un mecanismo similar subyace en las convulsiones que inducen a la inconsciencia”. El investigador añade que el exitoso uso de la ketamina en pacientes clínicamente deprimidos también está siendo estudiado pues sus efectos activadores se parecen a la terapia electroconvulsiva. Algo realmente fascinante.
Por último, otro elemento inusual. Hace unos años, un paciente en un estado mínimo de conciencia recuperó algunas funciones motoras luego de que se le inyectara una droga para dormir (no se suele pensar que algo para dormir te despertará). La droga se conoce como zolpidem y Schiff, quien examinó exhaustivamente al paciente, explica que se trata de una ocurrencia conocida como excitación paradójica. “Algunos pacientes en los primeros estados de anestesia general pueden moverse y vocalizar. Cuando zolpidem suprime la actividad de una estructura cerebral llamada globos pallidus, que se encarga a su vez de inhibir el tálamo, pues evidentemente cuando el inhibidor del tálamo, que es un centro clave de control neuronal, es inhibido por otra sustancia, éste puede entonces excitarse libremente. Ellos sugieren que un mecanismo similar ocurre en la excitación paradójica.
Verdaderamente que nuestro cerebro es todavía una paradoja. Su plasticidad y flexibilidad le permiten recurrir a mecanismos varios para permitirnos generar una idea coherente de lo que ocurre a nuestro alrededor y que así podamos tomar las acciones apropiadas de supervivencia. Todo esto lo hace mientas examina con sus herramientas innatas lo que necesita aprender y asimilar de los estímulos del medio y los que rechazará e ignorará.
http://www.mgh.harvard.edu/
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