
Se ha descubierto hace poco una isla de basura en pleno Océano Pacífico, una inmensa mole de basuras tóxicas del tamaño de Texas en algún lugar entre San Francisco y Hawaii, localizada entre las coordenadas 135° a 155°O y 35° a 42°N, se estima que tiene un tamaño de 1.400.000 km².
Parece increíble que un basurero oceánico de tal magnitud esté justo delante de dos grandes potencias mundiales y que nadie se haya dado por aludido. Esa inmensa concentración de residuos no solo es un basurero en continuo crecimiento, es practicamente una isla, opone su propia resistencia al agua y está cambiando las corrientes oceánicas de todo el mundo. Un equilibrio delicado que estamos muy cerca de romper, si el flujo intercontinental se detiene se verán afectados incluso los países Europeos bañados por el Atlántico que dejará de calentar las tierras del norte.
Una quiebra del sistema de flujo del agua interoceánica podría provocar una nueva "Pequeña edad de hielo" Y aumentar mucho las cantidades de precipitaciones en zonas que no están acostumbradas a ello dejando las latitudes ecuatoriales sin lluvia y provocando sequías.
Y no hablamos únicamente de un problema del flujo de las aguas que regula el clima, hablamos también de un impacto biológico enorme y potencialmente mortal, cientos de especies están viviendo y muriendo en aguas que cada vez son más ácidas, pronto no podrán vivir en esas zonas. Los comportamientos instintivos de los animales se alteran y pierden la orientación, se desvían de sus rumbos originales.
Todo esto son solamente palabras pero es increíble que no se digan en ningún sitio: Un leve comentario en la televisión, una pequeña anécdota en el diario no más grande que el resultado de un partido de Segunda División y ese pequeño artículo está cambiando la dinámica del mundo entero.

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